La prótesis parcial de rodilla, también conocida como artroplastia unicompartimental, es una alternativa quirúrgica avanzada para el tratamiento el daño articular limitado a un solo compartimento de la rodilla.
A diferencia de la prótesis total de rodilla, en la que se reemplazan todas las superficies articulares, la prótesis parcial permite preservar gran parte de las estructuras naturales de la articulación, incluyendo los ligamentos cruzados y los compartimentos no afectados.
En las últimas décadas, gracias al avance en los materiales y las técnicas quirúrgicas, las prótesis parciales han ganado popularidad y han demostrado resultados duraderos comparables a las prótesis totales, siempre que se indiquen correctamente.
La rodilla es una articulación compleja formada por tres compartimentos principales:
Entre el cóndilo femoral medial y la meseta tibial medial.
Entre el cóndilo femoral lateral y la meseta tibial lateral.
Entre la rótula y el surco femoral.
La artrosis o degeneración puede afectar uno, dos o los tres compartimentos. En los casos en que solo uno está dañado, el resto del cartílago, los ligamentos y la alineación general de la rodilla pueden permanecer funcionales. En estos pacientes, una prótesis parcial puede ofrecer resultados excelentes.
La prótesis parcial de rodilla reemplaza únicamente la zona desgastada de la articulación, preservando las áreas sanas. Puede implantarse en diferentes localizaciones según el compartimento afectado:
Prótesis unicompartimental medial (la más común).
Prótesis unicompartimental lateral.
Prótesis patelofemoral.
El objetivo principal es eliminar el dolor articular, restaurar la alineación, mantener la función y preservar el movimiento natural de la rodilla. Al conservar los ligamentos cruzados (anterior y posterior) y gran parte del hueso, se mantiene una biomecánica muy similar a la de una rodilla normal.
La selección del paciente es el factor más importante para el éxito de una prótesis parcial. Las indicaciones clásicas incluyen:
Artrosis unicompartimental aislada, sin afectación significativa de los otros compartimentos.
Necrosis avascular localizada o osteocondritis disecante confinada a un solo compartimento.
Pacientes con buen alineamiento de rodilla (sin deformidades severas).
Ligamentos cruzados intactos (especialmente el ligamento cruzado anterior).
Peso corporal adecuado (idealmente IMC < 35).
Dolor y limitación persistentes que no mejoran con tratamiento conservador.
Los candidatos ideales suelen ser pacientes mayores de 50 años, con artrosis medial o lateral localizada, sin inestabilidad ni deformidad importante.
No todos los pacientes con artrosis son candidatos. Las principales contraindicaciones son:
Artrosis avanzada que afecta más de un compartimento.
Lesión o deficiencia del ligamento cruzado anterior.
Deformidades angulares severas (varo o valgo > 15°).
Inestabilidad ligamentaria global.
Artritis inflamatoria (como artritis reumatoide).
Infección activa o previa en la rodilla.
Obesidad mórbida o pacientes con alta demanda física.
En estos casos, la prótesis total de rodilla es la opción más adecuada.
Existen varios diseños de prótesis parciales según su fijación, movilidad y ubicación.
1. Según el compartimento reemplazado
Medial: la más frecuente (alrededor del 80% de los casos).
Lateral: indicada en artrosis aislada lateral.
Patelofemoral: se coloca cuando el desgaste se limita a la articulación entre la rótula y el fémur.
2. Según el tipo de fijación
Cementadas: el implante se fija al hueso mediante cemento quirúrgico (polimetilmetacrilato).
No cementadas: presentan superficie porosa o recubrimientos bioactivos que favorecen la integración ósea directa.
3. Según la movilidad
Con platillo fijo: el polietileno (pieza intermedia) es fijo a la tibia. Mayor estabilidad.
Con platillo móvil: el polietileno puede rotar ligeramente, lo que imita más el movimiento natural y reduce el desgaste, aunque requiere técnica quirúrgica más precisa.
Generalmente se utiliza anestesia regional (raquídea) y se realiza una incisión pequeña sobre el compartimento afectado, de unos 8 a 10 cm.
El cirujano confirma que la lesión esté confinada a un solo compartimento y que los ligamentos cruciados estén intactos.
Se extrae solo el cartílago y el hueso dañado, preservando la mayor cantidad posible de tejido óseo sano.
Se implantan las piezas metálicas femoral y tibial, con una inserción de polietileno entre ambas que actúa como superficie de deslizamiento.
Se comprueba que la rodilla tenga movimiento fluido y estabilidad adecuada antes de cerrar la incisión.
La recuperación tras una prótesis parcial es generalmente más rápida que tras una total.
Fase temprana (0–2 semanas):
Apoyo parcial con muletas desde el primer día.
Ejercicios de movilización pasiva y fortalecimiento de cuádriceps.
Control del dolor e inflamación con crioterapia y fisioterapia.
Fase intermedia (2–6 semanas):
Aumento progresivo del apoyo hasta caminar sin ayuda.
Ejercicios de rango completo de movimiento y propiocepción.
Fortalecimiento de la musculatura de muslo y cadera.
Fase avanzada (6 semanas–3 meses):
Actividades funcionales más exigentes.
Retorno progresivo al trabajo y al deporte (bicicleta, natación, caminatas).
La mayoría de los pacientes retoma su vida cotidiana normal en 4 a 6 semanas y actividades deportivas de bajo impacto a los 3 meses.
Los resultados clínicos y funcionales de las prótesis parciales son excelentes cuando la indicación es correcta. Los pacientes refieren alta satisfacción, movilidad cercana a la normal y alivio completo del dolor.
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